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Mostrando las entradas etiquetadas como SOBREvivir en este mundo

Los Ocasos

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Hay un momento de la tarde en que el sol se precipita. Justo antes, se despide de mi ciudad con una caricia naranja. La luz que nos regala tiñe ojos y almas, rostros y figuras, y la despedida es un roce de calor que nuestra piel guarda. Si lo bello de escribir es que la idea concebida perdura al nacer en el papel, casi intacta, casi como la pensamos o intuimos, apenas empobrecida; lo bello del momento de la tarde en que el sol se precipita, y nos regala con su luz una caricia naranja, es que todo parece tener fin, poder extinguirse. Ese final inminente susurra lento que todo ha nacido, y que sólo somos una idea concebida por el sol, como las palabras que dedicamos a su despedida. Y que al menos una vez por día, nos acarician. Almendra Bernal

La vida a los Bocinazos

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Para los porteños, el uso de la bocina es inevitable. Más aún: es incontrolable, y a veces imprescindible. No sabemos por qué, pero la usamos para todo. Estará de acuerdo conmigo, si es un auténtico porteño, que en un accidente automovilístico uno pocas veces tiene tiempo de frenar, ¡¿va a tener tiempo de tocar la bocina?! ¡No! Así que para eso no la usamos. Está pensada más bien para festejar que un equipo salió campeón, que otro perdió, que nos casamos, que nos divorciamos. Para avisar que llegamos o para saludar cuando nos vamos. Hay ritmos para cada una de estas situaciones, y aunque no se pueden componer melodías con una única bocina, porque suena siempre en un mismo tono, con la colaboración de algún otro automovilista se pueden lograr cosas maravillosas. Es cierto que los colectiveros hacen trampa, porque en algunos casos ellos sí disparan melodías, pero con tanto tiempo por día en la calle tienen justo derecho a un solo y permitidas otras barbaridades. ...