martes, 8 de noviembre de 2011

ENCANDILA

El acto de despertar trae aparejado una acción y un acontecimiento. La acción a la que referimos es la de abrir los ojos, el acontecimiento es ver. Muy pocas veces ocurre la noción de despertar sin reconectarse con el sentido visual, quizás debido a que la visión en tal caso sitúa al sujeto, podríamos llamarlo “soñante”, y lo re ubica en la realidad: lo transforma en “ex soñante”, siempre que el paisaje de esta realidad se diferencie del que tocó en el sueño. Continuemos un poco más...
De la misma manera ocurre en el caso contrario. El sujeto deja obligadamente de ver para pasar al estado de sueño. Eso, al menos, es lo que ocurre comunmente, y aún no he sabido de alguien para quien no funcione de esta manera. Cerrar los ojos para dormir está incluido hasta para los no videntes. El motivo es fisiológico y podría obedecer al estado natural del cuerpo y de los movedizos ojos durante el período del sueño. Sería raro, incluso humorístico, contemplar que una persona consiga dormirse con los ojos abiertos o sin dejar de recibir imágenes como señales desde sus ojos. Mucho menos si se trata de señales fuertes como una potente luz. Así vamos aproximándonos a la historia que busco.
El dueño y señor de la historia que intento reflejar argumentaba padecer una atrofia de los procesos naturales que acabamos de encarar. Primero pensó ser un soñante eterno. Luego creyó haber muerto. Cuando intentó comprender la verdad, dio conmigo. Al cerrar los ojos, el hombre se encandilaba:
primero creyó que se trataba de la continuidad de un sueño que le gustaba, la secuela no tan agraciada que lo había atrapado por la fuerza por no conseguir cautivarlo con naturalidad;
luego quiso engañarse creyendo que no era su culpa, sólo un inmerecido castigo divino del que no saldría, o su camino singular a la muerte, o el estado de la misma muerte preparada para él;
cuando intentó develar el misterio que encerraba el enigma, cuando ya no pudo disfrutarlo a causa del sueño y dejó de temerle al no poder dormir, y por supuesto cuando sintió que no lo consiguiría, comenzó a buscar dentro suyo, y dió conmigo: su luz.
Carlos Dodson