miércoles, 2 de febrero de 2011

SOBRE EL TIEMPO, de Donato Sosa

dEspacio(En función del tiempo)

Leyendo material que mis antiguos alumnos traían a las clínicas que más he disfrutado en los viejos tiempos, me topé con un título que también es una pregunta: ¿por qué Einstein no tenía sentido del ritmo al tocar su violín?
Antes de leer la gacetilla empecé a reflexionar y, accidentalmente, creo haber trazado una nueva duda a otra vieja pregunta: qué es el tiempo.
Primero, como cuando se quiere dar un ejemplo, modifiqué las magnitudes (en palabras de Carlos Dodson): reduje la unidad de medición que acostumbraba usar (horas, minutos y segundos) a escalas mínimas, tanto cuanto mi imaginación colaboró. En música existe un proceso equivalente, pasar los valores de una negra a cuatro semicorcheas. Así fue evidente pensar que todas las cosas varían en forma pequeña, casi invisible, en un espacio de tiempo corto, casi imperceptible. Y se relacionan entre sí. Es decir: las cosas pequeñas se modifican mínimamente; y las variaciones de las cosas pequeñas son lo que hacen variar a las cosas grandes (formadas por muchas cosas pequeñas).

Para aclarar este pensamiento me contacté con el ahora también compañero de blog Carlos Dodson. Aparte de explicarme en palabras precisas, con paciencia y voz amena el proceso lógico que yo mismo había utilizado intuitivamente y que constituye un recurso científico, también me dijo: “el tiempo es una relación de desarrollo de unos y otros procesos. Medimos nuestro tiempo en relación al proceso de rotación de la tierra sobre su eje, alrededor del sol, etc. De allí sacamos los días con sus respectivas divisiones en horas, minutos y segundos; los años se multiplican a décadas, siglos y milenios”. Yo pensaba en mi sonrisa y sospechaba la suya del otro lado de la computadora, al contar algo tan obvio y descubrir tanto asombro.

Luego de esa charla comencé a imaginar algo, y quiero invitarlos a que también lo hagan. Imaginemos que en una de esas malas películas que ya pasan en la televisión de aire, el actor principal detiene el tiempo con su reloj mágico. ¿Qué sucedió? Se detuvieron los sucesos, sí. Todo el universo está quieto; por la magia del cine el protagonista puede moverse y nosotros que observamos también. Y el tiempo, ¿se detuvo? El reloj está congelado para que el universo lo esté. La excepción es este joven inquieto que provocará un colapso universal por ser lo único que en toda la galaxia tiene movimiento; independientemente del aire que respira que se lo proporciona un milagro de las desinteligencias de los autores.
El tiempo se detuvo, porque los sucesos que le dan vida lo han requerido. El tiempo no es independiente de los sucesos. Esto es lo que me hizo ver el querido Carlos.
Pero yo sigo haciendo preguntas. Claro que nadie las contesta y mis respuestas son caprichosas. Es por eso que el tiempo es infinito. Más allá de no poder imaginar un principio o un final, lo requieren las acciones, los acontecimientos. Al igual que requieren que el espacio sea infinito. Mmmm...!
A ver: este no es mi campo, pero si se redujera el espacio del universo a un único punto (bien chiquito) perecería el alcance de los sucesos (ya siento que hablo como el doctor Dodson). No podrían llevarse a cabo procesos dentro de ese sitio, ya que se harían cada vez más pequeños, hasta que no hubiera más lugar. Si no hay lugar, no hay procesos que se desarrollen. Si no hay procesos, no hay tiempo. Si el espacio se hace finito los sucesos no pueden desarrollarse y el tiempo se hace finito. Esto es recíproco. “El tiempo afecta lo material y el espacio lo temporal. Así vivimos, afectándolos” otra de las “ayudas” de nuestro amigo Dodson.

A esa primera percepción del tiempo, el segundo, vinculamos nuestro sentido del ritmo. Convocamos a nuestras costumbres y las relacionamos con él durante toda nuestra vida. 
Ahora bien, si sostenemos que el tiempo depende de procesos, y algunos pueden ser más rápidos que otros, basta tener en cuenta la velocidad de razonamiento de Einstein para contemplar cuánto cabe en un segundo y cuán variable puede ser esta unidad. Basta percibir cuán poco puede ser para nosotros cuando estamos distraidos y cuánto cuando estamos concentrados. Cualquiera podría tener problemas con el ritmo si es en exceso inteligente y se resiste a usar un metrónomo.

Donato Sosa