lunes, 24 de enero de 2011

SOBRE EL TIEMPO, de Carlos Dodson

TIEMPO PRETENCIOSO 
Se resiste a las hipótesis sobre los viajes en el tiempo una cuestión fundamental: sería fehaciente trasladarse sobre hechos consumados únicamente si pudiéramos ejercer una transposición (y qué es esto?: allí vamos rumbo).
El tiempo se presenta como una relación asociativa y comparativa (medición) entre la duración de varios sucesos dependientes directamente unos de otros. Y esta dependencia directa exige una linealidad que nos envuelve y vincula (en un reloj, por ejemplo, la aguja que marca la hora se mueve 1 vez sólo si la del minutero se mueve 60 veces. El engranaje que las une, en este caso, es el vínculo; y el número de veces, la linealidad).
Si pudiéramos transponernos: aislar el desarrollo de nuestras propias acciones del desarrollo del resto de los infinitos sucesos, luego invertir aquellos sucesos "externos" manteniendo las perfectas relaciones entre si (así como cuando atrasamos las agujas de un reloj todas las agujas, engranando, viajan hacia atrás conservando sus relaciones), detenerlos, ponerlos en idéntico funcionamiento, y finalmente volver a colocarnos en relación a ellos, podríamos dirigirnos hacia el pasado. Razonamiento un tanto desalentador para los más obstinados.

Actualmente lleva la delantera en el campo científico, y no en el literario (fuimos testigos del maravilloso cuento de Almendra Bernal), la posibilidad de un “viaje al futuro”. Claro que siempre referiremos por viaje en el tiempo a lograr, de nuevo, desvincularse del resto de las acciones aún no realizadas (clara ventaja para el viaje al futuro) y lograr una diferencia de velocidades. Es decir, el sujeto aislado pretenderá que el tiempo, para él, pase más lentamente que para el universo del que se aislará.
Considerando mi humilde entendimiento, puedo asegurar que a nadie le resultará difícil comprender que un objeto a gran velocidad sufre distinta afección del tiempo que un par ubicado en el planeta Tierra, por ejemplo, con su conocida velocidad. Allí lograríamos, viajando rápidamente y regresando a la Tierra, este efecto de distinción de velocidades indispensable. Pero ampliemos esta hipótesis:
Supongamos realizada la máquina que lleva a un pasajero a alcanzar velocidades cercanas a la de la luz. Supongamos también que el viaje a realizar, que sin dudas recorrerá una gran distancia, por razones de comodidad y porque aquella máquina lo permite, se realiza alrededor del planeta Tierra, lógicamente con trayectoria circular.
Se presenta un problema con respecto a la velocidad, pues esta es la relación entre la distancia que recorre un objeto y el tiempo que le toma recorrerla. Si el tiempo es distinto entre los dos ejes de observación no se podría obtener una, sino dos velocidades del mismo móvil. Aunque la trayectoria sería la identica.
Solucionado este problema de alguna forma que escapa a mi inteligencia, o sin solucionarlo, la máquina despega, y aún en órbita con el planeta, gira alrededor de él. El tiempo la afecta de menor manera, mucho menos drásticamente. Por la gran velocidad el tripulante percibe el paso de unos cuantos segundos mientras, en la Tierra, serán minutos.
El planeta entero se prepara para el suceso. Orbita en él la máquina y adquiere velocidad. En el mundo entero podrá verse, al menos durante un día, a esta máquina girar en torno a él como un cinturón de los que poseen algunos planetas cercanos.
¿Podrá decir el tripulante al descender de la nave que ha viajado al futuro? Les dejo la pregunta abierta.

Carlos Dodson