lunes, 28 de octubre de 2013

Los ocasos

Hay un momento de la tarde en que el sol se precipita.
Justo antes, se despide de mi ciudad con una caricia naranja.
La luz que nos regala tiñe ojos y almas, rostros y figuras,
y la despedida es un roce de calor que nuestra piel guarda.




Si lo bello de escribir es que la idea concebida
perdura al nacer en el papel, casi intacta,
casi como la pensamos o intuimos,
apenas empobrecida;


lo bello del momento de la tarde en que el sol se precipita,
y nos regala con su luz una caricia naranja,
es que todo parece tener fin,
poder extinguirse.


Ese final inminente susurra lento que todo ha nacido,
y que sólo somos una idea concebida por el sol,
como las palabras que dedicamos a su despedida.
Y que al menos una vez por día, nos acarician.

Almendra Bernal