jueves, 7 de noviembre de 2013

Autor Intelectual

Dedicado a la Asociación MIGRÉ*

El caso se abrió camino en los medios entre los demás escándalos, porque en las sobremesas y en los ascensores es el primer tema: los porteños viven conmovidos por la idea y atrapados por el desenlace.




Cuando "los agarraron", la ciudad entera fue testigo de los comandos y las persecuciones por TV, por radio o por internet. Sufrieron o festejaron la caída de cada héroe en cada allanamiento, a cada persecución. Sólo uno de ellos se entregó voluntariamente, el más meditabundo y menos célebre. Los otros se vieron obligados al espectáculo de resistirse, de escabullirse, de fugarse.


Enseguida la gente dividió sus simpatías entre los delincuentes, imitando el corte de pelo de su favorito, comprando la ropa que vestía y el perfume que decía usar en los precipitados comerciales. A la espera de los avances del caso arriesgaban resultados con total seguridad, participando en los "continuará..." con el deseo, prediciendo lo que traería esos puntos suspensivos con pálpitos polémicos.


Programas enteros se dedicaron a inflar el imaginario colectivo y a idealizar a los protagonistas; sobre todo, a inventar conflictos y tiempo de aire para vender sus perfumes y pañales descartables. Cada sospechoso gozó de la fama y sus dividendos, firmando contratos como se firman autógrafos. Hoy, los espectadores y el aparato mediático tejen los cabos sueltos del inminente final de esta historia.


La trascendencia del caso le otorgó prioridad ante la justicia. Esta mañana, por las escalinatas del juzgado desfilaron los acusados ante cientos de cámaras y micrófonos. Uno de ellos llegó temprano y aguardó leyendo bajo una arcada, pasando desapercibido ante la multitud. El resto demoró su entrada repartiéndose entre los periodistas y los fanáticos. A lo largo del día, en el banquillo se han sentado todos los acusados. Sólo uno de ellos se negó a declarar contra el resto. Los demás implicados lo reconocieron y acusaron como el autor intelectual.


* * *

Redacto esta crónica en el intervalo que dio respiro a los espectadores, y aire a las supersticiones y a los sponsors. Luego de interrumpida la sesión se recobran las ubicaciones en el tribunal. Vuelven los jueces, vuelve la prensa y los otros actores. Vuelvo a mi espacio de privilegio para narrar el último giro de esta trama.

El fiscal dijo tener pruebas irrefutables de los hechos y de la participación de cada cual. Al presentarlas, el hombre que se entregó voluntariamente, que llegó temprano al juzgado y que se negó a declarar contra los demás acusados fue el único que las aceptó. Ahora las convalida y explica detalles que agravan su situación: cuenta pormenores ignorados por todos que lo implican aún más.



Quizá usted lo vea en directo, ahora mismo, o en diferido. Estará tan seguro como yo de que este hombre está tranquilo, tanto como parece estarlo. Que esperó por este momento. Respira profundo y esboza una sonrisa. El fiscal ahora se retira desorientado y es su momento de la defensa. Transcribo sus palabras:


"Me enorgullece que me reconozca como el autor intelectual. En mi vida no abundan los reconocimientos. Hace poco menos de un año tuve uno especial. Este grupo de hombres ambiciosos me consultó si alguna vez había pensado en cómo robar un banco. Les dije que tenía una idea desde hace mucho tiempo, que me apasionaba el tema, que había leído muchos autores de este tipo de relatos, pero que desdeñaba la violencia. Debía pensar cómo evitarla.


No pusieron objeciones y parecían escuchar con atención. Les aclaré que necesitaba de una inspiración y me acercaron una suma de dinero de esas que nunca es suficiente; así y todo fue mi mejor paga hasta el momento. Me dieron a elegir entre algunos bancos, en mi profesión se les llama locaciones. Opté por el banco que frecuentaba. En sólo dos semanas la historia estaba escrita.


Volví a reunirme, esta vez sólo con quien producía al grupo. Le conté la trama pero no revelé el final. Se sorprendió por la idea, pero fue incrédulo con el posible éxito y sus ganancias. Lo sedujo escuchar que por más que nos atraparan, ninguno sería encontrado culpable. Lo mantuvo inquieto saber que deberían aprender algunas líneas y respetar ciertos detalles, ciertas conductas.


Tendrían que "actuar" como auténticos profesionales de principio a fin. Hasta el verdadero final de la historia. Y para conocer ese final, le advertí, debíamos firmar un papel al terminar con los preparativos. Preguntó si tenía que ver con mi parte en las ganancias, y le dije que sí. Todavía recuerdo la sorpresa que me llevé cuando vi que realmente confiaba en mí. Eso sí que no abunda en mi profesión.


Al cabo de 5 días concluímos con lo necesario para llevar a cabo el plan; volvimos a juntarnos. Él estaba dispuesto a negociar un porcentaje, aunque no tuvo que molestarse. En mi trabajo, expliqué, la gente como yo firma un papel con la gente como usted. Los autores cedemos los derechos de nuestras obras, por los siglos de los siglos. Me miró sorprendido, y con una risa burlona preguntó por qué no quería mi parte del negocio. Le dije que era lo que se hacía; y que sí la quería, pero que por última vez renunciaría a ella, para no volver a renunciar nunca. Que era parte del plan, de la trama.


Con tal de conocer el final, y sin nada que perder, firmó. Es el papel que tengo aquí conmigo, la verdadera prueba irrefutable. Cedí los derechos de esta obra a los autores materiales del robo.


No cobré un sólo centavo de todo lo facturado en este increíble negocio además de lo que se me pagó por mecanografiar la idea que concebí, pensé y pulí durante toda mi vida; para la que leí, estudié y reflexioné durante toda mi vida; la que tuve que adaptar en la forma de una historia durante sólo dos semanas. Pero, como es costumbre en mi trabajo, aquí en mi ciudad, cedí los derechos de mi obra. Ésta es la firma del autor material: el nuevo dueño de la trama. El guión, está en su poder".


Reina un silencio total en el salón. El más mediático de los acusados se pone en pie y pide permiso para mostrar una prueba al juez. Extiende un brazo y da un pilón de hojas a un asistente; éste se las acerca.
Retoma el hombre tranquilo, desde el banquillo. "Sr. Juez: ¿puede ir a la última página del guión? Sobre el final, debajo de "AUTOR", en mayúsculas y centrado, leerá estas líneas, que no me costó memorizar".

"Si cedí mis derechos, imagino que también cedí mis obligaciones y estoy libre de cualquier implicación como autor intelectual del presunto delito. Si aún así estoy implicado, es señal que mi trabajo está vinculado con lo que provoca, e imagino que también voy a poder exigir que se reconozcan mis derechos por cada obra que debí ceder durante toda mi vida como autor".


"Así, la pena que deba cumplir por crear esta trama no será un pesar grave, porque tendré un alivio esperado durante muchos años, y porque los bonos robados por estos maravillosos artistas, de forma pacífica pero tan espectacular, no son más que todas las falsificaciones que le es dado imprimir a un grupo de actores en sólo cinco días. La verdadera ganancia, para mi fue la difusión, y para ellos la publicidad".


Ángel Ermida con Ache


* MIGRÉ es la Asociación de Autores Audiovisuales. Para conocerlos: www.asociacionmigre.com.ar

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