lunes, 13 de febrero de 2012

400 veces

Inspirado en El Mito de Sísifo, de Albert Camus
Para Tomás Cingolani

El sol tiene 400 veces el tamaño de la luna. La luna está 400 veces más cerca de la tierra que el sol. Ambos son redondos. Todos los días el sol sale en un horizonte y se pone en el opuesto con total indiferencia, ya que en verdad es la tierra la que gira y nos regala este encanto. La luna, sin descuidos ni prevenciones, gira en torno al planeta.
Uno de esos días en particular, la trayectoria de la luna se asemeja tanto a la que asignamos con encanto al sol que se superponen, si observamos desde nuestro humilde punto de vista del gran astro y del satélite. Es así que desde algún lugar de la tierra vemos maravillados cómo la luna, por la exacta y agradable coincidencia de distancia, tamaño y forma con respecto al sol, lo cubre por completo. En el cielo flota una corona circular de fuego tan hermosa como fugaz, y asoman las estrellas más cercanas porque se cubre todo de negro. Algunas de ellas, incluso, que sólo así veremos. Nuestros rostros quedan pasmados y nuestros más oscuros pensamientos parecen refugiarse de tanta belleza. Atribuimos este evento a un obsequio o a un castigo, para lo cual, tenemos la decencia de crear algún dios dadivoso o celoso.
No podemos explicarnos lo que sucede y por qué sucede, aunque sepamos cómo sucede y hasta podamos calcular cuándo sucederá. Claro que no hablaremos de que a cada segundo, en algún rincón de esta galaxia ocurre el milagro del eclipse, porque no nos concentramos en los astros, los planetas y satélites, las órbitas, las distancias y los tamaños, sino en nuestra limitada comprensión y punto de vista de todo eso. Atrapados en nuestra fascinación por lo poco habitual. Nuestro celo por conservarlo en la memoria. Nuestra tendencia a colocar valor y belleza en lo que sucede poco, en lo extraordinario. Nuestro impulso a inventar hipótesis y a salir a convencerlos a todos. Nuestra costumbre de adornar con fantasía nuestras apreciaciones.
¿Y todo lo otro? ¿Lo que sucede a diario y con mayor frecuencia puede ser igual de maravilloso, solo que menos exclusivo? También han nacido y resurgido dioses que representan o dominan todos los fenómenos a los que estamos tan acostumbrados cuando no los extrañamos. Y siempre, considero, con el mismo fin.
Algunos mitos y leyendas fueron usados para manipular masas con propósitos siempre indecentes. Pero me gustaría creer, al menos en este momento, que nacieron por algo más digno. No podemos explicar con exactitud lo que sucede, pero nos es imposible dejar de intentar explicar lo que sucede.
Por detrás de este ciclo, para algunos de nosotros extraordinario y para otros habitual, asoma la conciencia. Así como a Sísifo en su retorno a la piedra. Y aquí el valioso detalle: mientras más frecuente, más bello y encantador.
Carlos Dodson